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Estoy exultática de felicidad y complacida en extremo con la rebelión
de los pingüinos, tanto así, que si los cabros le toman un liceo a la Viki aca
en Iña, tengo pensado hacer en mi cagón horno, pizza para todos los “tomantes”,
no olvidemos, que son en su mayoría pobres, y todavía no he escuchado reclamar
a ninguno de ellos por las becas alimenticias que no están recibiendo, ni uno
se ha quejado del retorcijón de hambre ni con la prensa ni con sus compañeros,
según me informan mis fuentes reservadas.
Han visto a la mujer que salió en la tele pasandole una lukita a la
niña en toma por entremedio de la reja, a las viejas cocinandole a sus
regalones en toma en el liceo de aplicación, a la mujer furibunda que increpa a
viva voz a la paca que no protegió la vida de su hijo herido al saltar una reja
con el muslo traspasado a un centímetro de la femoral. Aún, vieron a la mujer
que al ser consultada por la prensa ante la inminente entrada de los pacos al
liceo donde estudian sus niños cual fue la reacción de los estudiantes, dice en
tono tierno “Na po caballero, que van a hacer, si les mandaron a estos
tremendos animales, salieron no mas po, si ellos son niños contra estos
tremendos mastodontes” en la cara del paco verde hasta la geta.
No puedo olvidar la protesta callejera de la semana anterior en viña,
mientras los comerciantes cerraban las rejas de sus boliches, un cabro en silla
de ruedas arrancaba cagado de la risa entre los gestos de su parálisis, con los
pacos detrás del gentío azul. Tres compañeros que lo empujaban a toda raja por
calle Valparaíso. Tal vez haya sido el momento más emocionante de su vida
amarrada, protegida. Me hizo pensar en la solidaridad de los cabros, si no la
aprendieron del mundo, de donde mas si no de sus madres, acaso no aprenden
cuando se les encarga al hermano chico, al mas débil, acaso no ven a sus viejas
arrastrar el bulto de las guaguas, los mas viejos, los enfermos.
Al ver a estas viejas aguerridas, ajadas, trabajosas y gordas de penas
y pan batido de colación, cai en la cuenta que la mayoría tiene mi edad.
Hace muchos años, ante la raquítica democracia concertacionista, el
feroz modelo implantado a fuerza, y la desesperanza de tener una vida digna
después de la dictadura, paulatinamente fui decidiendo no traer hijos a este
país impresentable, condenados a ser carentes o deudores…no me
arrepiento…todavía, pero al ver a estos bebes encarando a los funcionarios de
gobiernos, en un movimiento organizado, democrático, orgánico diría yo, me
pliego al corazón de estas madres que no dormirán este fin de semana, mientras
los poderes fácticos, la “mano nígura” se moverá estas noches de fin de semana,
en la oscuridad y el silencio, esperando que una tragedia rompa los trinos de
los estudiantes….
Que la luz chillona de la prensa alumbre las camitas improvisadas de
sus hijos…NUESTROS HIJOS.
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