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Valparaíso, otra vez, Valparaíso. Hace un par de días la mayor
afluencia de supercruceros que se haya visto en el Puerto, llenaba las calles
de gringos, chicanos y de un cuanto hay de razas en la tierra. Las viñas de
Casablanca se llenaron de furgoncitos con gentes degustando los vinos y rajando
ida y vuelta en sus frenéticos paseos de turistas apurados, todo ello bien
hecho, y aún en medio de un paro aduanero y portuario, que estacionó toneladas
de fruta cada vez mas fragante en el recinto… todo salió bien…miles de almas
pasaron por estas calles añosas que hoy a las ocho de la mañana se despertaron
con la explosión mas grande que los habitantes tengan recuerdo. Una fuga de gas
reventó dos edificios completos del barrio chino y dañó las estructuras de numerosas
propiedades aledañas. Las incontables subdivisiones de las que alguna vez
fueron mansiones de ricos y en que ahora se multiplican innumerables familias
venidas a menos, abuelas solas, jubilados, estudiantes, trabajadores de comercio,
se desplomaron o se envolvieron en llamas. Allí donde la postal de la ropa
tendida se despliega entre molduras y gárgolas aristocráticas, allí quedaron,
sus cuerpos muertos enterrados, desaparecidos, quemados. Allí se arrancó una
señora por los techos, otra de pura cueva, a otros los sacaron los pacos o los
bomberos, ante la brutal indiferencia de la compañía de gas, que en indudable
negligencia criminal desatendió las constantes llamadas de los vecinos por el
olor a gas. Allí otros perdieron sus
comercios, sus pequeños comercios, de gente conocida, que evolucionaron del
simple matutero que vende ropas puerta a puerta, a pequeña fábrica textil, de
esas que tienen su mayor pega ahora en marzo que se viene encima con la venta
de uniformes y salidas de cancha, ventas que hubiesen sostenido varios meses a
varias familias. Allí otra vez están los ciudadanos de Valparaíso, paraditos,
buscando a su gente, recogiendo sus enseres, sacando escombros, todavía ninguna
familia ha ido a asilarse a una escuela, es pleno día y se pueden hacer cosas.
La incertidumbre del mañana se apalea removiendo tablas, adobes y latas, como
han hecho tantas veces. Día nublado, triste. Aunque no creo que los
propietarios de ambos edificios estén tristes, por lo general no viven allí.
Las inmobiliarias ya los deben estar contactando para lotear el preciado
terreno, tal vez un edificio o un supermercado, harta población hay en los
alrededores y ya no existe el impedimento de ser molesto casco histórico
intocable. Ahora será de bien pasar la aplanadora por cuanta estructura haya
quedado medio tembleque, ahora se puede.
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